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Por una mirada mendocina
En Mendoza estamos acostumbrados a pensar el territorio desde sus paisajes, sus viñedos, la cordillera y una tradición cultural que muchas veces parece mirar hacia afuera. Pero también existe otra Mendoza: la que produce conocimiento, forma docentes, investigadores, artistas y profesionales, y que tiene una particular relación con las imágenes.
Desde General Alvear, donde la distancia con la capital provincial también obliga a mirar la cultura desde otro lugar, resulta interesante detenerse en una obra que propone justamente eso: mirar.
Se trata de Mientras todavía haya imágenes. El diario privado de un espectador (2023–2025), del filósofo del conurbano bonaerense Leandro A. Cuellar, un libro que cruza cine, filosofía, estética, poder, cuerpo, muerte, memoria y relaciones humanas.
La obra no pretende presentarse como un tratado académico convencional. Su estructura está organizada alrededor de seis grandes núcleos: el cuerpo, la mirada, el otro, el poder, el tiempo y lo sagrado. En ellos, Leandro Cuellar construye una reflexión personal sobre aquello que ocurre entre las imágenes y quien las observa.
Y allí aparece una pregunta que puede resultar particularmente fértil para Mendoza: ¿qué lugar ocupa hoy la filosofía de la imagen en nuestras universidades, escuelas y espacios culturales?
Una filosofía que comienza frente a una pantalla
Uno de los textos centrales del libro está dedicado a Robert Bresson y lleva por título “La idea de suicidio en Robert Bresson. Lo absurdo de la vida en un mundo carente de valores”.
El ensayo aparece en la primera parte del libro, El cuerpo, y se desarrolla entre las páginas 26 y 30. Allí el filósofo del conurbano toma Le Diable probablement (El diablo probablemente, 1977) como punto de partida para pensar el suicidio, la angustia, el nihilismo, la soledad y la muerte.
En la página 27 escribe sobre una existencia que puede aparecer como absurda, miserable y solitaria, y relaciona esa experiencia con la confusión, la desesperación y la angustia.
En las páginas 28 y 30 la reflexión se vuelve todavía más compleja: el autor distingue entre querer matarse y desear morir, y plantea que en el caso de Charles, el protagonista de la película de Bresson, el problema podría no ser simplemente la voluntad de quitarse la vida sino el deseo de terminar con el dolor.
Es precisamente allí donde la filosofía de la imagen adquiere una dimensión educativa.
Una película deja de ser solamente una película.
Puede convertirse en una herramienta para pensar.
Mendoza y la necesidad de pensar las imágenes
Mendoza posee una infraestructura educativa particularmente importante para que este tipo de discusión encuentre espacios.
La Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO) constituye uno de los principales centros universitarios de la provincia y cuenta, entre otras unidades académicas, con Facultad de Filosofía y Letras, Facultad de Artes y Diseño, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y Facultad de Educación. La propia universidad señala que desarrolla actividades de formación, investigación, transferencia e intercambio de conocimiento.
También está presente la Universidad Tecnológica Nacional, a través de sus Facultades Regionales Mendoza y San Rafael.
En el ámbito privado, la provincia cuenta con instituciones como la Universidad de Mendoza, Universidad Juan Agustín Maza, Universidad del Aconcagua, Universidad Champagnat, Universidad de Congreso, Universidad Católica Argentina —sede Mendoza— y Universidad Católica de Cuyo —sede Mendoza—. La documentación institucional y educativa de la provincia registra esta amplia red universitaria pública y privada.
La existencia de esta diversidad institucional permite pensar algo más ambicioso: que la filosofía no quede encerrada exclusivamente dentro de la Facultad de Filosofía.
La filosofía de la imagen puede dialogar con comunicación, educación, arte, cine, ciencias políticas, marketing, sociología, psicología e incluso con la formación docente.
Y ahí aparece el trabajo de Leandro Cuellar.
De Bresson al poder
El interés de Mientras todavía haya imágenes no está solamente en su lectura de Bresson.
La obra propone una concepción más amplia: las imágenes no son objetos completamente pasivos frente a un espectador que simplemente las contempla. En su “Tesis sobre la imagen”, Cuellar sostiene que aquello que ocurre entre sujeto e imagen también involucra el cuerpo, el deseo, la afección, el reconocimiento y la identificación.
La formulación aparece hacia el final del libro, antes del epílogo, y condensa una de las preocupaciones centrales de toda la obra.
Por eso su propuesta puede resultar especialmente interesante para ámbitos educativos mendocinos: porque permite discutir no solamente qué vemos, sino también qué hacen las imágenes con nosotros.
En una época dominada por redes sociales, inteligencia artificial, publicidad política, videos cortos, algoritmos y nuevas formas de propaganda, estudiar las imágenes supone también estudiar relaciones de poder.
No se trata únicamente de formar espectadores capaces de interpretar una película.
Se trata de formar ciudadanos capaces de interpretar el mundo visual que los rodea.
El caso de Charles: cuando el cine se convierte en pregunta
La presencia de Bresson atraviesa el libro hasta el final.
En la página 108 aparece nuevamente Charles, mediante una frase que resume la tensión existencial de El diablo probablemente: “Odio la vida. Pero también odio la muerte. Me parece espantosa”.
Y en el epílogo, en las páginas 111–112, nuestro filósofo del conurbano vuelve sobre el suicidio juvenil, la muerte, la psicología infantil, Melanie Klein, el abuso infantil y el papel que pueden cumplir las instituciones y los profesionales frente a estas problemáticas. El cierre vuelve deliberadamente sobre Charles y sobre El diablo probablemente.
La operación es significativa: una película de 1977 termina dialogando con problemas contemporáneos.
Eso es, quizás, una de las mayores posibilidades pedagógicas de la filosofía del cine.
¿Por qué podría interesar en Mendoza?
Porque Mendoza tiene universidades, escuelas, docentes, investigadores, artistas y estudiantes que ya trabajan alrededor de problemas vinculados con la imagen, la cultura y la educación.
La propia UNCUYO reúne facultades y escuelas que permiten imaginar un diálogo interdisciplinario de este tipo.
Y no se trata solamente del ámbito universitario.
Las escuelas secundarias públicas y privadas también enfrentan diariamente preguntas relacionadas con las imágenes: violencia digital, redes sociales, representación, identidad, consumo, publicidad, discursos políticos, inteligencia artificial, aislamiento, vínculos y construcción de subjetividades.
Un especialista que trabaje simultáneamente sobre filosofía de la imagen y poder puede aportar allí una mirada que no se limite a enseñar historia de la filosofía.
Puede ayudar a enseñar a mirar.
General Alvear también puede formar parte de esa conversación
Desde el sur mendocino, la cuestión adquiere otra dimensión.
La distancia geográfica respecto del Gran Mendoza no debería significar distancia respecto de la producción intelectual.
La propia UNCUYO cuenta con presencia territorial en General Alvear a través del Instituto Tecnológico Universitario, dentro de una red de sedes distribuidas por distintos puntos de la provincia.
Eso permite pensar una Mendoza culturalmente descentralizada, donde una conversación sobre cine, filosofía, imagen y poder no tenga por qué comenzar y terminar en Ciudad.
Puede comenzar también en Alvear.
Puede pasar por San Rafael, Tunuyán, San Martín, el Valle de Uco o cualquier localidad donde exista una escuela, una biblioteca, una universidad o un centro cultural dispuesto a discutir qué significa vivir rodeados de imágenes.
El expertise de Leandro A. Cuellar
En ese contexto puede resultar de interés conocer el trabajo de Leandro A. Cuellar, particularmente su recorrido alrededor de la filosofía del cine, la estética, la imagen y las relaciones entre imagen y poder.
Su propuesta no consiste simplemente en hablar de películas.
Su punto de partida es más amplio: utilizar las imágenes como una forma de pensamiento.
Mientras todavía haya imágenes puede leerse, entonces, como un diario de espectador, pero también como un archivo de preguntas: qué ocurre con el cuerpo frente a una imagen, cómo miramos al otro, cómo opera el poder, qué hacemos con la memoria y qué lugar ocupa aquello que todavía no podemos explicar.
En una Mendoza atravesada por una fuerte tradición universitaria y educativa, esa discusión podría encontrar múltiples espacios.
Universidades nacionales y privadas, profesorados, escuelas secundarias, carreras de comunicación, arte, educación, filosofía, ciencias sociales y espacios culturales podrían encontrar allí un punto de partida para pensar la imagen desde una perspectiva filosófica contemporánea.
Porque quizá el verdadero desafío no sea conseguir que los jóvenes miren más cine.
Quizá sea conseguir que miren de otra manera.
Para conocer el trabajo y la propuesta profesional de Leandro A. Cuellar, puede consultarse www.leandrocuellar.online
Y acaso desde Mendoza —también desde General Alvear— haya una pregunta que valga la pena conservar:
¿Qué hacemos nosotros frente a las imágenes y qué hacen las imágenes con nosotros?
Mientras todavía haya imágenes, la pregunta permanece abierta.





